El dinero fiduciario, las fronteras entre países, los días festivos o las reglas de un deporte son ejemplos evidentes: tienen efectos tangibles y reales, pero existen porque la comunidad comparte esa creencia y actúa de acuerdo con ella.
En las ciencias sociales y el debate político contemporáneo, el concepto se aplica a los roles de género, a la noción de raza o a las instituciones familiares. Quienes defienden este enfoque sostienen que muchas pautas culturales atribuidas a la «naturaleza humana» son en realidad convenciones históricas modificables; quienes disienten advierten de que ignorar la base biológica y evolutiva desnaturaliza la realidad.